«Aquello que fue, nunca ha dejado de existir, se mantiene vivo en nosotros.» Querer vernos diferentes, sentirnos diferentes, tener una vida distinta, no diferenciará lo que realmente sucede dentro nosotros. Es justamente ¡Vivir la vida! En sus más auténticos contextos, lo que nos permitirá aceptar que todo lo que nos acontece, es parte de nuestro crecer y trascender. Definitivamente “Todo cumple su propósito” desde su propia luz, voz y presencia.
A su vez, “descomplicarse” suele complicarse para muchos. A diario, deportistas, equipos de jugadores, técnicos, hombres y mujeres, por igual, se privan de momentos disfrutables, al desgastarse en tristezas, incertidumbres, ciclos repetitivos, en despedidas y conflictos, que les distraen por completo de la ventura que se merecen.
Diluirnos, en algunas circunstancias temporales, nos resta determinación. El estar bien, comprende una nueva forma de Bienestar: el bien pensar, bien decir, bien sentir y bien hacer.
El Amor Propio es Propio del Amor
Cuando lo dimensionamos, ya no hay vuelta atrás: “Amamos como nos Amamos” y es que, amándome, me descubro, me reconozco, me dimensiono, me alineo, me permito, me aplaudo y me celebro. Y digo esto porque el futbol es una pasión que en ocasiones, sobrepasa todo entendimiento.
¡Ser Amante del Futbol! es otro nivel de conjugación, que se vive en primera persona.
El fútbol es mucho más que dos equipos durante noventa minutos persiguiendo un balón; es un espejo del alma donde la pasión se convierte en el motor que desafía cualquier límite. Como coach emocional, Mentora de Bienestar y Transformación Humana, entiendo que ese rugido interno da pleno sentido a todo lo que se siente.
Amar este magnánimo deporte, diviniza lo humano, expresa en ocasiones lo indecible, así como «amar lo que hacemos» lo convierte en un vigor invisible capaz de transformar el miedo en coraje, la duda en estrategia y a un grupo de jugadores en una fuerza inquebrantable.
En nuestro hoy somos «A imagen y semejanza» del bien que vivimos y del ¡Bienestar que expresamos! con luces, con sombras, con lo sentido, lo vivido, con tanto que enseñar y a la vez, valorando lo aprendido, con mucho por redescubrir y al oído ir diciendo. Y todo esto obedece, al que el tiempo ya no apura, a lo que hemos aprendido a correr con paciencia. El verdadero triunfo no radica solo en el marcador final, sino en la maestría emocional con la que decidimos salir a la cancha.
Sin duda alguna, ese mismo campo de juego que se transforma en el escenario perfecto de la vulnerabilidad y la gloria humana, un espacio sagrado donde la pasión se entrena y los enigmas ganan sabiduría, porque las respuestas, ya no son exclusivamente mías ¡Se pluralizan! Y crecer es todo un acto creativo, de lo que hoy tengo certeza, como de cada triunfo y derrota. En el ecosistema del fútbol, la táctica y la preparación física son solo la mitad de la ecuación; la verdadera magia ocurre cuando los resultados se alinean también al propósito.
Ser los dueños tanto del querer como el hacer, con intenso compromiso, no sintiéndonos ajenos a lo que nos permitimos. Lo que se vive en un partido queda para siempre. Por ello, hacemos que cada latido cuente, que cada caída sea el prólogo de una gran remontada. Cuando el balón besa la red ¡Todo es posible! Y todos los que tenemos puesta la misma camiseta podemos validar y valorar lo que fue necesario para llegar hasta aquí. Por ello, hoy contigo aseguro ¡Al Bienestar aún le queda partido por jugar!
Amado lector, cuando recuerdas aquel juego de tu vida en el que sentiste que la derrota era inevitable, quizá valga la pena preguntarte: Si en tu presente pudieras volver a entrar a ese mismo terreno de juego, sabiendo que no puedes cambiar el marcador, pero sí la manera en que decides jugar…
¿Qué harías diferente?







